El pasado 30 de enero, a las 20:00 h, la Facultad de Educación de la Universidad de Alicante se convirtió en un altavoz de solidaridad con la celebración del recital benéfico "Versos por la paz". Organizado por la asociación La música de las palabras, el evento se planteó como una llamada urgente a la conciencia colectiva ante la tragedia humanitaria en Palestina, subrayando la responsabilidad de todos en la ayuda humanitaria.
La velada alcanzó momentos de altísima intensidad emocional gracias a la simbiosis artística de sus protagonistas. La magnífica recitación de Juan Antonio Olmedo, quien deslumbró con la lectura de unos preciosos poemas seleccionados para la ocasión, guio el hilo conductor del acto con una voz cargada de intención. Esta se entrelazó con la sensibilidad de la violonchelista Desiré Sánchez, que envolvió el espacio con una atmósfera sonora solemne, y la actuación de la actriz Esther Abellán, quien conmovió profundamente al público al encarnar a una mujer de Gaza envuelta por la desgracia del genocidio. Su interpretación, llena de verdad, despertó las lágrimas de los asistentes y reforzó el mensaje central: no podemos volver la mirada ante el sufrimiento ajeno.


El pasado 30 de enero, a las 20:00 h, la Facultad de Educación de la Universidad de Alicante se convirtió en un altavoz de solidaridad con la celebración del recital benéfico "Versos por la paz". Organizado por la asociación La música de las palabras, el evento se planteó como una llamada urgente a la conciencia colectiva ante la tragedia humanitaria en Palestina, subrayando la responsabilidad de todos en la ayuda humanitaria.
La velada alcanzó momentos de altísima intensidad emocional gracias a la simbiosis artística de sus protagonistas. La magnífica recitación de Juan Antonio Olmedo, quien deslumbró con la lectura de unos preciosos poemas seleccionados para la ocasión, guio el hilo conductor del acto con una voz cargada de intención. Esta se entrelazó con la sensibilidad de la violonchelista Desiré Sánchez, que envolvió el espacio con una atmósfera sonora solemne, y la actuación de la actriz Esther Abellán, quien conmovió profundamente al público al encarnar a una mujer de Gaza envuelta por la desgracia del genocidio. Su interpretación, llena de verdad, despertó las lágrimas de los asistentes y reforzó el mensaje central: no podemos volver la mirada ante el sufrimiento ajeno.
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