El pasado 7 de febrero tuve el placer de presentar en la librería 80 Mundos la obra de Maru Bernal, una autora que no solo escribe, sino que excava en las raíces del mundo grecolatino para explicarnos el presente.
En nuestro encuentro, desnudamos la "armadura de bronce" de los héroes clásicos para descubrir su vulnerabilidad humana y conversamos sobre la tragedia como luz: ese espacio donde el horror y la belleza se unen para salvarnos del abismo. Abordamos también la resistencia femenina y la espera, entendida no como rendición, sino como una forma activa de racionalizar el dolor. La poeta se detuvo en nuestra envidiable mortalidad, recordándonos que es precisamente nuestra fragilidad lo que nos hace memorables frente a la eternidad de los dioses.
Fue una tarde de conocimiento y pasión donde Maru, además, se reveló como una magnífica rapsoda; nos deleitó con su voz y su decir pausado, dejando a todos los asistentes enamorados de su poesía. Su intervención fue una invitación a aceptar el abismo con calma y la certeza de que la palabra es nuestro mejor testimonio ante el destino.


El pasado 7 de febrero tuve el placer de presentar en la librería 80 Mundos la obra de Maru Bernal, una autora que no solo escribe, sino que excava en las raíces del mundo grecolatino para explicarnos el presente.
En nuestro encuentro, desnudamos la "armadura de bronce" de los héroes clásicos para descubrir su vulnerabilidad humana y conversamos sobre la tragedia como luz: ese espacio donde el horror y la belleza se unen para salvarnos del abismo. Abordamos también la resistencia femenina y la espera, entendida no como rendición, sino como una forma activa de racionalizar el dolor. La poeta se detuvo en nuestra envidiable mortalidad, recordándonos que es precisamente nuestra fragilidad lo que nos hace memorables frente a la eternidad de los dioses.
Fue una tarde de conocimiento y pasión donde Maru, además, se reveló como una magnífica rapsoda; nos deleitó con su voz y su decir pausado, dejando a todos los asistentes enamorados de su poesía. Su intervención fue una invitación a aceptar el abismo con calma y la certeza de que la palabra es nuestro mejor testimonio ante el destino.
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